La igualdad en la ley pero no en los números

Ayer, 8 de marzo, se celebró el Día Internacional de la Mujer. Me pregunto hasta cuándo vamos a tener que celebrar este día con tintes reivindicativos  pidiendo  la igualdad de la mujer en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona, y no como lo que realmente deberíamos conmemorar: el día en que esta igualdad se ha hecho efectiva. Quizás esto último, a pesar de que el principio de igualdad está reconocido tanto en nuestra legislación interna como en diferentes tratados y normas internacionales, sea una utopía. ¿Qué contradicción, no?

Esta jornada no está diseñada para regalarnos felicitaciones, sino que es una jornada concebida  para recordad y celebrar lo que se ha avanzado en materia de igualdad y, lo que es más  importante, para cuestionarnos qué es lo que nos falta para llegar a la misma. Ser mujer no es nada especial por lo que nos tengan que felicitar. Es mejor que cada persona se felicite si cada día actúa para que la igualdad entre hombres y mujeres sea un hecho, que cada persona se felicite si educa a nuestros niñ@s para que crezcan sabiendo que son personas, no géneros ni roles.  No es un día que nos deban de recriminar por tacharlo de feminista. Es un día de desarrollo, de avance y progreso, un día para conmemorar lo que nunca debió existir, para demostrar que la división por sexos es una historia del pasado, aunque casi la mitad de la población mundial no se haya enterado todavía. Pensemos sobre la cantidad de países con leyes que discriminan a la mujer.

También deberíamos reflexionar sobre si los encargados de romper con las discriminaciones hacen algo por ello. Me estoy refiriendo a nuestros “queridos polític@s”. Nuestro sistema asigna roles a las personas en base al cuerpo con el que han nacido. Este sistema que dice alabar la maternidad pero que luego la discrimina o excluye del mercado laboral. Sistema que margina económicamente a la mujer y, con ello, la hace depender de otras personas. Sistema que se enorgullece de la cantidad de políticas diseñadas para luchar contra la violencia de género pero que, contradictoriamente, arroja unas estadísticas de maltrato cada vez más preocupantes. ¿Qué se hace desde los “sillones” para romper con este sistema?  Pues lejos de avanzar tenemos claros ejemplos de retroceso. Recordemos, si no, las declaraciones del eurodiputado polaco Janusz Korwin-Mikke sobre que “las mujeres deben ganar menos porque son más débiles y menos inteligentes”. Este individuo, famoso por sus declaraciones racistas, sexistas y antisemitas (muchas de ellas vertidas en la Eurocámara) sigue conservando su escaño.  Otros ejemplo de político “ejemplar” es David Pérez, alcalde de Alcorcón y diputado en la Asamblea de Madrid, quien estima que “el feminismo está formado por mujeres frustradas, amargadas y rabiosas”;  politiquillo que aún sigue en su poltrona. Acción política por la que han ardido las redes ayer ha sido el programa diseñado por el Ayuntamiento de Rota para conmemorar este día (os invito a “fisgarlo”). Recordemos también que ayer el Senado aprobó el nombramiento de los cuatro nuevos magistrados del Tribunal Constitucional, candidatos elegidos tras el pacto entre el PP y el PSOE que nada hacen porque exista paridad en dicho organismo. Igualmente ayer, el PP impidió gracias a su mayoría absoluta en la Cámara Alta la admisión a trámite de una propuesta de ley para que los  hijos de las víctimas de violencia de género reciban la totalidad de la pensión de orfandad. Recordemos también que el ejecutivo ha recortado los recursos para luchar contra la violencia de género. (Ahí va la gracia: Mariano Rajoy  tuitea “las mujeres que sufren en silencio cualquier tipo de maltrato cuentan con el apoyo de todos.  Denuncia #Haysalida@Contralaviolenciade genero”.  ¡Mariano, que te contraten en el club de la comedia, por favor!). El alcalde de Noia (PP), durante el acto institucional del Día de la Mujer, nos “deleitó” con chistes como que “la mujer es capaz de sangrar sin cortarse o tocar las narices sin acercarse”.

Podríamos seguir poniendo ejemplos, ya que desgraciadamente sobran por doquier.En definitiva, los avances sociales conseguidos por muchas personas luchadoras son ninguneados  por nuestros queridos gobernantes.

Señores polític@s, ¿hasta cuándo se van a servir de la mujer para hacer campaña política y lavar su imagen?

PD: por si alguien ha echado en falta a la Iglesia, el tratamiento de la mujer por parte de la Iglesia lo trataremos en otro artículo.

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