La modernización del regadío

Como cualquier otra persona que tenga la sana costumbre de pasear antes de que el sol apriete o después de haberlo hecho y si es usted de las que frecuenta la zona del campo abajo, seguro le ha llamado la atención.
Me refiero a la facilidad con la que uno de los recursos naturales mas preciados y en estos momentos mas escasos como es el agua, se escapa por las múltiples grietas de esa infraestructura agraria llamada “acequia”.
Por no hablar del ineficiente sistema de riego que aún emplean algunos agricultores consistente en inundar su parcela (riego a manta).
Y es que basta una mínima sensibilización con el medio ambiente para que la sangre se ponga en ebullición al contemplar impotente semejante derroche.

Pues son los citados paseos mañaneros y no un golpe de calor los que me llevaron a reflexionar sobre este tema y dudar de las bondades de “la modernización del regadío”.
Aunque consciente de la profundidad del tema para tratarlo en este medio, me gustaría trasladar el debate desde este lado del teclado hasta el otro lado de sus pantallas para, al menos, conseguir de ustedes un juicio crítico.

La parte positiva del moderno sistema es de sobra conocida y basta con pensar en el ahorro de litros y litros de agua que serán imprescindibles debido a las seberas sequías y al exceso de calor, que cada vez con mas frecuencia nos vemos obligados a sufrir.

Pero pasemos a volorar los “daños colaterales”. La parte menos positiva y mas social.

– ¿Quien asumiría el coste económico?
En muchos casos las parcelas no son de quienes las trabajan, sino que éstas son arrendadas, y los propietarios, con frecuencia son de edad avanzada y sin descendencia interesada en este oficio, dudo que quisieran realizar desembolso alguno cuya amortización a largo plazo, iban a dejar como herencia.

– ¿Se revalorizarian las parcelas?
Vaya una pregunta. Por supuesto. El problema es que en esta ilustre Villa cuyos límites se extienden a lo largo y ancho de la comarca terracamina, durante los últimos años ha sido objeto de especulación. Si, mientras en otros sitios se especulaba a golpe de ladrillo en Paredes se hacía lo propio con el suelo rústico, invirtiendo dinero procedente de negocios ajenos a la agricultura y pagando auténticas barbaridades por cada hectárea de terreno. Inversión que no se verá amortizada en el balance anual de cuentas del “agricultor a título principal”

– ¿Se volvería a realizar una concentración parcelaria?
Es algo imprescindible si nos fijamos en otros proyectos de estas características que se han ejecutado. Aunque se hiciera en aquel “Plan Tierra de Campos”, que esto vuelva a ocurrir es bastante complicado, ya que ponernos de acuerdo en que si la linde va un poco mas allá o que si esta parcela que me ha tocado es peor que la que yo tenía etc, se me antoja “misión imposible”

Si refexionamos profundamente sobre estos 3 interrogantes (y otros muchos que a ustedes les puedan surgir), intentemos ser objetivos y honestos.

Con rentas aún mas elevadas que las existentes y parcelas que multipliquen su tamaño, todas mis dudas se resumen en una última cuestión:
¿Cuantos agricultores quedarían para labrar las 14.000 hectáreas del campo de Paredes?

Cuatro Mega-Agricultores con SUPERTRACTORES y supermáquinas que viven en un piso en Palencia, que ni paran a tomar café porque en cuatro ratos tienen la labor hecha. Mayor despoblación. Imposibilidad de nuevas incorporaciones de gente joven por no poder competir con los existentes. Latifundios y latifundistas cuyo objetivo productivista mermaría aún mas la escasa biodiversidad. Trabajos mas intensivos sin respeto por el campo ni por lo que producen.

Catastrofismo o realidad. ¿Usted que opina?

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